TAICHI

El Tai Chi Chuan o Puño Máximo, es un arte marcial interno cuyo origen se remonta a la antigua China. Conocido por sus secuencias de movimientos lentos y fluidos, se ha popularizado por los beneficios que aporta a la salud y porque su práctica es accesible a un amplio estrato de la población. Hoy en día, el Taichi está considerado una disciplina para el desarrollo integral cuerpo-mente sin que haya perdido su naturaleza marcial.
Este sistema de entrenamiento es la síntesis de enseñanzas, percepciones y experiencias cuyas huellas nos conducen a los ejercicios taoístas llamados Dao Yin (conducción de la energía vital por el cuerpo). A partir de dichas semillas, el arte que se practica en la actualidad se fue desarrollando paulatinamente.
El mérito de haber sido el primero en reunir toda la serie de movimientos que hoy llamamos Taichi, se le atribuye a un sabio taoísta y maestro en artes marciales llamado Chang San Feng, que tras la observación del combate entre un ave y una serpiente, creo la primera forma del Taichi. La genialidad de Chang San Feng consistió en confeccionar un sistema de entrenamiento que integraba la sabiduría taoísta y los esquemas de lucha de las artes marciales.
El Tai Chi Chuan tiene tres fundamentos: en primer lugar sintetiza varias formas o esquemas de lucha de las artes marciales; en segundo lugar integra la gimnasia Taoísta (Dao Yin) y su sistema de respiración y la teoría de la energía de la medicina china tradicional, y en tercer lugar formula sus principios de lucha en clave de Yin y Yang.

¿CÓMO ACTÚA EL TAICHI?

Una de las características que distinguen al Taichi es la ausencia de intensidad, lo que hace difícil percibirlo como un arte marcial. En lugar de una fuerza explosiva, su práctica se ve impregnada por un sentido de profunda calma, lo que conduce a un delicado equilibrio entre concentración y relajación. Este es un aspecto fundamental del Taichi, todo y que no es el objetivo de la práctica, sino el medio para percibir nuestro cuerpo y equilibrarlo.
Con la experiencia en la realización de la forma, en el practicante se instala una cualidad de conciencia que pone en relación lo interno y lo externo de manera que se genera y se alimenta un sentido de armonía entre cuerpo y mente que va más allá de la mera coordinación mecánica física.
Mediante su lenguaje simple y nada exigente, con el Taichi se pueden frenar o desaprender los modelos de comportamiento estresantes acumulados, y recuperar el contacto con aquellas partes de sí mismo que se han extraviado en el devenir frenético de la vida moderna.
La comprensión de que todos los sistemas de nuestro ser interactúan y son interdependientes, y el convencimiento que el desequilibrio en uno de ellos afectará al resto de sistemas, es lo que guía a esta disciplina, por lo que la integración de los aspectos físicos/marciales con los energéticos, desde la óptica de la M.T.C., es lo que hace del Taichi un sistema holístico.

LA PRÁCTICA

El equilibrio inherente a la filosofía del Taichi, implica unión Yin-Yang. Todas las formas del Taichi empiezan a partir de la postura del Wu Chi, el estado vacuo, la mente original. Del Wu Chi, del vacío absoluto, nace el supremo absoluto, el Taichi, el yin-yang interactuando en un constante cambio, convirtiéndose invariablemente el Yin en Yang y viceversa.
El Taichi, pues, es la armonía en el constante flujo cíclico del Yin-Yang, el equilibrio perfecto entre la quietud interna y el movimiento externo. Las formas del Taichi reflejan este flujo armonioso, donde un movimiento acaba empieza otro en un fluir contínuo, con la mente enraizada en la percepción, sin que por ello se fije en nada.
El ciclo contínuo se refleja también en la respiración, yin-yang-yin... Todo se asienta, desde el movimiento hasta la mente, desde la energía y la sangre a la respiración, pues aunque los movimientos sean suaves y entrelazados, si la misma armonía no se produce en todo el organismo, la forma no dejará de ser una danza en la que el Taichi estará ausente.
Cada movimiento es un ciclo y cada ciclo es una vida de ese movimiento que se enlaza con otro para dar lugar a un sinfin de vidas entrelazadas. Esta es la esencia que se intenta interiorizar y replicar en nuestro microcosmos a través de la forma, la unión, la vuelta al orígen.

BENEFICIOS

El Taichi en sí, no es una terapia. Sus efectos beneficiosos para la salud emanan de la aplicación de ciertos principios como la alineación, la eficacia biomecánica o la respiración correcta que se necesita para una óptima realización de la forma. El Taichi se sirve -entre otras herramientas- de las formas (las cuales no son una finalidad en sí), para obtener salud y bienestar como resultado de un paciente trabajo de reestructuración personal global (física, mental, psicológica y de actitud).
Como parte integrante de un programa de prevención, el Taichi ayuda a mantener en equilibrio las energías Yin y Yang y a regular la circulación del Qi por todo el organismo, manteniendo la musculatura flexible y tonificada. Su práctica regular refuerza el “Qi protector”, lo que equivale al sistema inmunitario en la medicina occidental, por lo que como sistema de un proceso de recuperación, también puede utilizarse para recobrar la fuerza y la vitalidad.
La coordinación entre movimiento y respiración se utiliza para traer al centro la energía dispersa y canalizarla de nuevo para que siga su curso apropiado o para sosegar y ablandar lo que está demasiado rígido y agitado.

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